Facultad de Ciencias Sociales y Económicas

previous arrow
next arrow
Slider
Youtube
Facebook
Twitter
Gmail

Por Alberto Valencia Gutiérrez

Director de la tesis doctoral

Nos hemos reunido hoy para celebrar el otorgamiento del Doctorado al estudiante Gildardo Vanegas, el primer doctor en sociología que gradúa la Universidad del Valle y el primer doctor en sociología que se gradúa en Colombia. Tenemos pues que felicitarlo por este gran logro, coronado por la realización de un trabajo de grandes proporciones sobre el narcotráfico en la ciudad de Cali, en un largo período de más de 60 años, que a partir de ahora se convierte en un punto de referencia para todo aquel que quiera investigar el tema. No es cierto que ya todo lo sabemos sobre el narcotráfico en Cali, porque hayamos leído algunos libracos de segundo orden, leído la prensa o visto alguna telenovela notable. La información que trae Gildardo es obtenida de primera mano, con entrevistas a personas directamente comprometidas en el asunto, asumiendo incluso riesgos personales inmensos. En algunas ocasiones me llamaba y me decía que iba a entrar a un centro comercial a realizar una entrevista para que yo estuviera enterado y yo esperaba impaciente una segunda llamada tranquilizadora en la que me decía que ya había concluido.

Sin embargo, no quiero referirme al contenido del trabajo sino a la persona que lo realizó. Tal vez el primer párrafo de la introducción a su trabajo pase desapercibido, pero allí nos ofrece Gildardo una descripción de lo que fueron sus amigos de infancia y adolescencia en una ciudad permeada por el narcotráfico y

“un barrio de la ciudad que fue un pequeño escenario por el que desfilaron muchos de los personajes que aquí interesan. En aquel barrio había una pesebrera. Allí se reunían los narcotraficantes más célebres de la región para visitar y exhibir sus caballos de paso fino. La pesebrera ofrecía trabajos a hombres y mujeres del barrio. Varios vecinos y amigos "”guaniaban”,como se denominaba al oficio de limpiar la boñiga  de los caballos y mantener en óptimas condiciones las pesebreras; también trabajaban en oficios domésticos. Con el tiempo Huber se hizo montador de caballos, Wilson y Vladimir fueron guardaespaldas, Isidro chofer al servicio de los señores y sus mujeres. Bernardo y Marta pasaron a trabajar en laboratorios clandestinos para el procesamiento de cocaína, Alfonso se hizo piloto de avión y se dedicó a transportar droga hacia Centroamérica, cuando quiso independizarse de su jefe fue asesinado. Raúl, Mario, Hernando y Jesús fueron asesinados en atentados. Gerardo y Jorge terminaron discapacitados de por vida. Abraham, Gabriel, Gladys y Julián se dedicaron a llevar cocaína como "mulas" a otros países y pasaron largas temporadas en cárceles del exterior. Diego Fernando fue desaparecido. Jorge, Humberto, Edison y Fernando entraron y salieron del negocio y sólo alcanzaron a acumular extravagantes historias que aún aderezan ocasionales reuniones. Carlos "coronó" y es en la actualidad un respetable comerciante”.

De los 17 compañeros de la época sólo uno pudo salir avante después de haber estado comprometidos todos en actividades ilegales. ¿Qué hizo posible entonces que Gildardo se encuentre ahora con nosotros, presentando un trabajo académico, en lugar de haber corrido la suerte de sus antiguos "parceros" del barrio? Hay allí un problema que nos invita a una reflexión. Es un hermoso ejemplo de la manera como la Universidad ofrece un espacio para reorientar la vida y para convertir las determinaciones sociales, la fatalidad de un origen que no escogimos, en "reja del arado" para construir la vida y para orientarla hacia fines culturales valiosos. Pero todo ello no se logra sin esfuerzo como lo está demostrando en este momento Gildardo. La posición de analista y de investigador es el punto de partida para una nueva mirada sobre lo que fueron esos primeros años de su vida.

Encuentro en Gildardo lo que podríamos llamar un "investigador nato" en el amplio sentido de la palabra. No en vano es el autor de un excelente libro sobre Sherlock Holmes, su modelo de identificación sin lugar a dudas, la reconstrucción de una referencia paterna por interpuesta persona. A lo largo de estos años en que he estado muy cerca de su trabajo he descubierto a un hombre con una extraordinaria sensibilidad frente al hecho empírico, frente a la anécdota, frente a la singularidad de las situaciones con las que trabaja. Si con algún personaje de la literatura quisiera compararlo no dudaría en hacerlo con Founes el Memorioso  de Jorge Luis Borges, aquel personaje que tenía una extrema sensibilidad frente a la particularidad de los objetos, los animales o las personas que observaba en su vida cotidiana. Esa es la principal lección que aprendí de Gildardo. La recolección paciente de hechos, aún sin saber en el momento que significaban, hacia dónde conducían o cómo podían ser utilizados posteriormente. Detrás del trabajo realizado existe una investigación empírica de inmensas proporciones, que el documento final apenas si recoge en un porcentaje menor. Si quisiera definir a Gildardo en una sola frase, diría de él lo mismo que dijo alguien en su momento sobre su maestro Álvaro Camacho: "es un pensador desde lo concreto".

Frente a esta acumulación de información me tocó intervenir en algún momento no sólo para qué se sintiera satisfecho con esa búsqueda desenfrenada de datos, sino también para que pudieran ser interpretados en un marco más amplio. Más que director de trabajo de grado, que jugaba en algunas ocasiones el papel de "abogado del diablo" porque de alguna manera tenía que colaborar en su trabajo, fui aprendiz de procesos de investigación, como nunca antes me había ocurrido, y del gusto por los singular y lo concreto. Esa es la gran lección que me queda de Gildardo una vez concluido este trabajo. No me queda más que felicitarlo por la investigación de inmensas proporciones que nos ha presentado y por lo que representa este trabajo para su vida personal, y para construir una nueva mirada sobre su historia, sus amigos y compañeros de infancia, su familia y sus orígenes. Durante varios años fui testigo de una búsqueda no sólo sobre el sentido del narcotráfico en la ciudad de Cali sino también sobre el sentido de su propia vida y la redención de un pasado, a través de la cultura. El significado de este trabajo para su vida se podría resumir en una hermosa frase del filósofo Nietzsche en un pasaje del Zaratustra:

"¡…cómo soportaría yo ser hombre si el hombre no fuese también poeta y adivinador de enigmas y el redentor del aza! Redimir a los que han pasado y transformar todo "fue" en un "así lo quise".

 Muchas gracias