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Presentación
Durante los primeros veinte años del siglo XXI en Colombia, se aceleró la transición demográfica, se agudizó la crisis ambiental, se agotó la alternativa neoliberal de desarrollo, fracasó la guerra contra las drogas, se experimentó sin éxito la guerra contra la subversión y se reactivó la búsqueda de la paz negociada, se multiplicaron las corrientes migratorias a través del territorio nacional, se sufrió una pandemia que dejó secuelas, se produjo una revuelta popular multitudinaria, se realinearon las fuerzas políticas, fue elegido el primer gobierno nacional de izquierda y, en medio de todo, parece haber surgido una nueva agenda de problemas públicos. De paso, Colombia se parece ahora más al resto de las sociedades latinoamericanas y está sometida a las tensiones que trajo la Globalización.
Que esté emergiendo una nueva agenda de problemas públicos es para algunos una evidencia del cambio mientras que, para otros, lo que hay es un replanteamiento y reformulación de antiguas problemáticas En ambos casos, la agenda que hoy domina la discusión publica ha estado surgiendo gracias a la mayor visibilidad que adquirieron ciertos temas que antes eran prioritarios solo para sectores sociales sin mayor protagonismo y recientemente, a raíz de acontecimientos extraordinarios, pasaron al primer plano. Los acuerdos logrados entre el Gobierno y las Farc, la guerrilla más grande y antigua, en 2016, abrieron un interrogante: ¿entramos al posconflicto, como entonces se dijo, o sigue pendiente la tarea de completar la paz? El denominado estallido social de 2021, especialmente su detonante: un proyecto regresivo de reforma tributaria, y la forma en que fue reprimido por el Gobierno de entonces, pusieron de presente la conveniencia de discutir el tema de los impuestos y hacer una reforma fiscal progresiva, igual que transformar la policía y repensar la política de seguridad. Otros motivos de esa misma revuelta multitudinaria obligaron a tomar en serio la posibilidad de dar un viraje en la conducción de la economía, para favorecer por fin la reforma agraria, la reindustrialización y el apoyo a la economía popular, temas que pugnaban por abrirse paso desde antes. Lo mismo sucedió con la necesidad de crear empleo y proteger el trabajo digno, así como revivir otras formas de protección social en salud y pensiones, principalmente. La desigualdad persistente que se reveló como causa profunda del descontento acumulado abrió una conversación pública sobre la discriminación que sufren algunas regiones, la población indígena y afrodescendiente, las mujeres, las diversidades sexuales, entre otros sectores. Los cada vez más frecuentes “desastres naturales” obligaron a reconocer la existencia de una grave crisis ambiental y abrieron la discusión sobre la conveniencia de emprender sin demora la transición energética, volver a tener en cuenta los límites del desarrollo y el progreso no sostenible. En el plano internacional, también se discute cuál es el nuevo lugar que puede ocupar Colombia, interesada ahora en promover la vida y la paz como valores universales, reformular la política internacional sobre drogas, defender la Amazonia y auspiciar la democracia entre los países vecinos.
Los procesos de cambio que se están llevando a cabo en la sociedad colombiana generan más preguntas que respuestas: De qué tipo son las transformaciones que se están produciendo en la
sociedad colombiana?, Cuáles son los principales factores generadores de cambio?; Qué tan nuevos son los problemas que hoy gravitan en la agenda pública?, Qué papel juega el Estado, el mercado y las organizaciones sociales en los procesos de cambio?, Qué actores se disputan la definición legítima de los problemas que caracterizan a la sociedad colombiana? ¿Cómo se articula la agenda de problemas públicos con las dinámicas del cambio social?

Muy pronto ampliaremos todos los pormenores de este importante evento.
Equipo de comunicaciones, Facultad de Ciencias Sociales y Económicas.