El pasado 11 de noviembre fue desarrollada una sesión teach-in como forma de acción global en apoyo a los migrantes. Este encuentro, convocado por el profesor Jan Grill, director del programa de Sociología, se sumó a una red transnacional que ese día articuló simultáneamente a decenas de ciudades alrededor del mundo para hablar sobre migración.

El teach-in figura como una tradición de acción colectiva con raíces en los movimientos estudiantiles del siglo XX: un formato que combina aprendizaje, debate y movilización, el cual “busca unir a quienes comparten una inquietud ética y política, y crear vínculos de solidaridad donde normalmente hay indiferencia”, explicó el profesor Jan.
La reflexión partió desde un punto común: la preocupación por el desinterés creciente de la sociedad frente a las dificultades que atraviesan quienes transitan o buscan asentarse en un nuevo país.
También se planteó que las campañas contra los migrantes, desde políticas fronterizas hasta discursos de seguridad, operan como guerras silenciosas contra poblaciones enteras. La representación del inmigrante como delincuente, invasor o carga social sostiene y legitima esa violencia institucional y refuerza los prejuicios de las personas locales.
Esa estigmatización, impulsada desde las instituciones, termina permeando incluso los estudios dedicados a comprender el fenómeno. Uno de los participantes describió los obstáculos que enfrentó al desplazarse a otro país, entre ellos el impacto de recortes gubernamentales que limitan investigaciones sobre movilidad humana. Su testimonio evidenció que el clima político no solo condiciona lo que se dice sobre los migrantes, sino incluso lo que puede estudiarse sobre ellos.

También surgieron discusiones sobre fenómenos que rara vez figuran en el debate público como la migración provocada por el cambio climático, o las trayectorias de estudiantes que, al desplazarse desde otras regiones para estudiar, atraviesan transformaciones que no difieren de las de cualquier proceso migratorio.
Hacia el final surgió una pregunta que condensó una preocupación compartida: si el Estado actúa de manera limitada y las organizaciones no alcanzan a responder a la magnitud del problema, ¿qué lugar nos queda a quienes nos estamos formando en ciencias sociales? Más allá de las declaraciones de apoyo, la inquietud apuntaba a lo cotidiano: cómo tratamos a los migrantes, qué prejuicios seguimos reproduciendo sin darnos cuenta y hasta dónde llega realmente nuestra capacidad de intervenir.
La pregunta no tuvo respuesta inmediata, pero abrió un espacio para pensar no desde la distancia analítica, sino desde la posibilidad de acompañar, investigar y, sobre todo, aportar a una mirada más humana sobre la movilidad.
El evento cerró con un recordatorio profundo: todos somos migrantes. De manera literal o simbólica, en el pasado o en el presente, la historia humana está tejida por desplazamientos. Arraigarse o moverse no son opuestos; son experiencias que configuran sociedades enteras.

Equipo de comunicaciones, Facultad de Ciencias Sociales y Económicas.